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PINCHA EN LA PORTADA para ver el vídeo presentación de EL CABARET DE LOS SUEÑOS NOCTURNOS, el libro que, de la mano de Producciones Nocturnas y Absenta Poetas, aglutina los poemas, fotografías y relatos que forman parte de Nocturnos y El cabaret de los sueños, mis dos obras literarias ilustradas en Internet. Para los que vivís fuera de Santander, y estéis interesados, lo podréis hacerlo vía e-mail, para remitirlo por correo. Y pronto, tras mi espectáculo Muñecas de cristal, el Gran Show de presentación del libro por diversos lugares de Santander. Precio: 10 euros. Mail de contacto: isidrorayestaran@gmail.com

LAS PUTAS DE LA CALLE DESENGAÑO



Las putas de la calle Desengaño se desayunan todos los días teniendo a las de la calle Montera como cómplices, compañeras y rivales. De estas, las hay muy jóvenes, de nacionalidades diversas y de culturas bien diferentes. Las de la Montera son así. Pero las castizas de toda la vida le rezan un Padrenuestro al Cristo de la iglesia de San Martín antes de ir a tomar un cafelito a la calle Hortaleza. Muchas de las putas de la calle Desengaño saben de cicatrices y heridas en el alma. Son de esas que llevaban a sus clientes a su “residencia para señoritas”, preguntaban por la salud de sus esposas y sufrían con ellos por las enfermedades de sus hijos. Algunos repetían con la Loli y la Petra. Era fácil localizarlas en la esquina de siempre o poniéndole velas incluso a San Expósito, el abogado de las Causas Urgentes… Y había causas que lo requerían así.
Las putas de toda la vida ya no hacen corrillo porque muchas de ellas, ajadas, se distraen con los de su quinta jugando un dominó en el bar de la esquina con la calle Valverde. Ellas no necesitaban de pasarela, posturitas insinuantes, contorneos varios ni chulos sudamericanos que las abofeteasen en caso de ausencia de trabajo. Ellas sabían con quien iban, a quien metían en su cama y lo que se precisaba en todo momento.
Quizá por eso, ahora, con el cambio de siglo, las nuevas prostitutas se confunden en la calle con las antiguas, las de siempre. Esas que al finalizar un servicio le decían al Manolo “dale esto a tu mujer para que se mejore y salga del bache en el que se encuentra”.
Otra forma de entender el amor.
Ellas lo entendían así, con la cabeza baja y el silencio como la mejor de sus armas.
Y al finalizar, en el silencio de la noche, sólo queda el sonido de sus tacones confundiéndose con ese otro sonido de la noche que ya sólo entiende de músicas estridentes en clubes de sexo con cabinas, vis a vis con servicio mínimo de tres euros, y un mundo que nunca ha tenido que ver con el que ellas habitaron en un tiempo en que las putas de la calle Desengaño hacían honor al mismo título de los latidos de sus corazones.

ISIDRO R. AYESTARAN, 2007

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